Misiones a Zambia 2016

Por Paulina Nieto y Jorge Mejía

“Escoge un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida”

Confucio

Meses de preparación, donde van invertidas horas y horas de nuestros días para que todo finalice en 1 mes de misión, llevando muchas expectativas de lo que puede ser la misión, pero estando seguros que necesitamos llevar el corazón bien abierto para recibir los cambios que quiera realizar el Señor y no solo en la misión, sino también en nuestro corazón.

Nosotros como formadores tenemos la oportunidad de observar los pequeños o grandes cambios que se hacen en los corazones de los misioneros, podemos observar cómo a veces llegan con la idea de querer cambiar al mundo y lo que no se esperan es que el mundo los cambie a ellos:

Que una conversación con alguna mamá, que es VIH positiva, que tiene 7 hijos y a la vez, la veas sonriendo y bailando a la vida, te ponga a pensar ¿qué estoy haciendo con mi tiempo? ¿qué estoy haciendo con mi vida?; que escuchar a las personas mayores no es una “pérdida de tiempo” ya que están llenos de sabiduría; que el compartir es la regla sin importar que la galleta se rompa en las fracciones que sean necesarias para que nadie se quede sin su parte. Que las alegrías de la vida no se miden en quien tiene el mejor celular, ni si tu ropa es de marca, ni a dónde irás de vacaciones…

Las alegrías de la vida se miden en ver a los niños jugando descalzos haciendo su pelota de fútbol con bolsas de basura, apreciar la creatividad para hacerse un carrito con tapas de pet, oír la risa de la tribu al intentar hablar tu lengua, escuchar los tambores día y noche que te están dando la bienvenida a ser parte de su tribu, recibir un abrazo de corazón a corazón.

Alguien una vez dijo que la “vida es un carnaval” y los zambianos se toman muy en serio esta frase ya que ven la vida con alegría, bailan aunque carecen de tantas cosas, ayudan a quien lo necesita, te hacen sentir como en casa desde el primer día. Y cuando experimentamos esta sensación, queremos quitarnos esa venda de los ojos y aprender a ver con sencillez, darlo todo sin esperar nada a cambio, empezar con pequeñas acciones para hacer de tu entorno un lugar mejor.

Tenemos la oportunidad de que nuestro trabajo sea nuestro “hobbie”, que las cosas que amamos las podamos realizar todos los días, que nuestras acciones pueden llegar a tocar corazones, hacer una diferencia en el mundo. Gracias a este proyecto no solo intentamos cambiar el mundo, nos ayuda a ser más conscientes de que el cambio en el mundo empieza por cambiar uno mismo, que no requerimos de las cosas para ser felices, de que la sencillez y la humildad son grandes tesoros, que la comunidad es más importante que el individuo, y a querer ser misioneros hoy, misioneros siempre.

¿Qué harás con tu tiempo? ¿Qué harás con tu vida? ¿Estás abierto a tener esta experiencia en y desde la misión? anímate, ¡en verdad vale la pena!

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