Cruces Peatonales: Un proyecto social de META

Por Sara Medina
Alumna UDEM

Decidí llevar la co-curricular de META (Materia Enfocada en Temas Actuales) este verano para aligerarme la carga durante el semestre. Yo pensaba “mejor sufrirla tres semanas que cuatro meses”, entonces escogí el grupo con el horario que mejor se me acomodaba y cerré los ojos como quien está a punto de saltar en paracaídas. Lo que no me esperaba y nunca me imaginé, es que lejos de sufrir la clase, la disfruté mucho. Mi maestra, Rocío Acosta, es una chava súper movida, con visión social, que se dedicó desde el primer día a motivarnos para hacer.

Yo vengo de un entorno (en mi familia, en mi carrera, en la vida, y en la cancha) donde nos gusta mucho hablar de las cosas, nos gusta teorizar sobre los problemas a los que nos enfrentamos y nos gusta entenderlos a fondo. META me empujó a hacer. A actuar sin pensarlo demasiado. No digo que debamos dejar de pensar o de hablar de los problemas, al contrario, creo que los dos acercamientos son frentes de ataque que se complementan: pensar y teorizar nos dice por dónde y cómo actuar. Y es lo chido del curso, en clase se habla y para los proyectos se actúa. Esta materia tiene mucho potencial de abrir perspectivas y de comenzar conversaciones sobre temas que competen directamente a los estudiantes de la UDEM, como cuestionar nuestro lugar y función social, nuestros privilegios, observar la corrupción de nuestro entorno y prepararnos para enfrentarlo en nuestra vida profesional y laboral con integridad y buscando el bien común. META tiene ese potencial; está en los maestros explotarlo, y en nosotros como alumnos aprovecharlo.

Parte de la clase (gracias especiales a Rocío), era involucrarnos con proyectos sociales y ponernos al servicio de la comunidad. El primero fue con la organización “Caminando en Mi Barrio”, que se dedica a hacer e instalar mosaicos en las calles y banquetas (la técnica se llama trencadis) con el fin de embellecer el espacio público de manera que se vuelva más caminable y más seguro para la gente. Han trabajado ampliamente en el centro y en Barrio Antiguo, particularmente en El Nejayote, pero ahora nos tocó dividirnos en equipos y ayudar a pegar mosaicos en cinco barrios del municipio de San Pedro: el Centro, San Pedro 400, La Cima, Tampiquito, y El Obispo. La gente de cada barrio se había puesto de acuerdo y había creado un ícono que representaba la identidad y la historia de su barrio — a nosotros nos tocó ayudar a terminar el trabajo. Conocimos a la gente de estas comunidades, quienes con mucha amabilidad nos prestaron sus muros y casas para poner los mosaicos. A mi equipo le correspondía ayudar en La Cima, y después de varias horas de trabajar en el sol, una señora lindísima nos compró una botella de refresco que compartimos y que nos salvó la vida. Fue un gesto precioso que guardé en mi corazoncito: ese cuidar a los demás y ver que la gente que te rodea esté bien, ese agradecimiento y esa bondad. Creo que tenemos mucho que aprenderle a esa señora y a la gente que vive diferente que nosotros.

El último sábado que abarcó la clase llevamos a cabo el proyecto que quizá vimos más en nuestras redes cercanas y cuyo impacto probablemente sintamos más cerca por ser un rumbo que nuestros amigos y familiares frecuentan más. Al principio del curso, Rocío nos habló de que en otras ocasiones, habían pintado cruces peatonales en varios puntos de la ciudad, y que existía la posibilidad de volver a hacer. Recordé que varios meses atrás pasaron una convocatoria en mi carrera (Licenciado en Artes) para diseñar cruces peatonales y que en ese entonces estaba en parciales y me quedé con ganas de colaborar. Me puse a dibujar y a pensar en posibilidades y propuse algunas ideas. Tenía ganas de aprovechar el desnivel que tiene el cruce peatonal para crear una ilusión óptica. También tenía ganas de usar un patrón modular, que encajara para formar un dibujo grande, porque creo que la gente de las ciudades debe entenderse de esa manera, como parte de un dibujo pequeño que es a su vez parte de un dibujo grande. Terminamos con algo más o menos así:

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Ya estando ahí un sábado en la mañana, ajustamos el diseño a las dimensiones y posibilidades de la calle. Me preparé con unas plantillas para agilizar el proceso y terminamos en tiempo récord. Fue mucha gente a ayudarnos a pintar: mamás con sus niños, amigas, hermanitos, en fin. Fue un esfuerzo colectivo y creo que hablo por la mayoría (si no es que todos) al decir que quedamos muy satisfechas con el resultado. Me dio mucho gusto ver después fotos de gente que no conozco diciendo que les gustó mucho el cruce peatonal y ver personas usándolo. Creo que es un pasito rumbo a una ciudad más democrática donde los peatones comparten justamente el espacio público, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Hay que ajustar las banquetas para que realmente sean usables, sombrearlas y ampliarlas (el calor regiomontano no perdona), implementar una ciclovía funcional, y mejorar las alternativas de transporte público.

Como ciudadanos, la manera de exigir que estas mejoras se implementen es actuando: usando la calle y retomándola, haciendo intervenciones para mejorarla, involucrándonos en los proyectos que ya existen y colaborando entre todos y junto con el gobierno. Yo solita no pude haber hecho algo como esto, ni en sueños; lo que se necesita es que nos juntemos para actuar con conciencia, que hagamos comunidad y trabajemos en colectividad para juntos construir la ciudad que nos merecemos.

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