Dejan huella alumnos UDEM en Perú

Por Hugo Alexis Treviño Garza
Alumno IIS

Pareciera difícil realizar la experiencia de Misiones Internacionales UDEM, pero, como dijo Nietzche: “Quien tiene un por qué para vivir, podrá superar cualquier cómo”. Con entusiasmo logré superar todos los retos que tenía: exámenes, tareas, labores domésticas, y los propios requerimientos de la convocatoria.

Me interesó ir a Perú por su estructura socioeconómica, por su cultura e historia prehispánica, su gastronomía y su localización. El trayecto en el avión fue interesante para mí, ya que es el primer viaje que he realizado solo, y el primero internacional. Pero los nervios no empezaron sino hasta el camino a Chimbote, en donde sería la misión; mientras más me acercaba al destino, más nervioso me ponía.

Jergas, modismos, dialectos distintos a los nuestros… No batallé para acoplarme. Conocimos el hospicio, la clínica del Sistema de Salud Verbo Encarnado y el Instituto Educativo Pedro Pablo Atusparian, y empezamos a hacer planes para colaborar. Yo me dediqué principalmente al hospicio del Sistema de Salud, porque vi más necesidades, pero también colaboré en la clínica, por mi perfil profesional y administrativo.

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Sabía que no iba a ser fácil, pero entregué mi mejor esfuerzo. Tuve muchos aprendizajes, como el tratar de detectar los problemas y solucionarlos a tiempo antes de que llegaran a cosas mayores. Pude aplicar los conocimientos de mi carrera en la vida real y además conocí cosas básicas de enfermería en las visitas a comunidad para atender enfermos.

En lo personal, he podido conocerme más a mí mismo y mejorar las cualidades que tengo, como paciencia, madurez y amor. Sé que aún hay mucho por aprender, pero definitivamente la misión ha sido un acontecimiento que me llenó en todos los aspectos, no sólo en el espiritual, y de igual manera me ha llamado a seguir ayudando.

¿Cómo piensas cambiar algo, sin cambiar tú mismo?” En cada uno está el cambio que se quiere lograr. Hay que actuar y no callar o esperar. No me arrepiento de mi decisión de venir a servir, todo ha valido la pena; el proceso de convocatoria, la selección, la formación, el viaje y la confrontación. Me gusta esta vida y seguiré sirviendo hasta que ya no pueda hacerlo más o, mejor dicho, hasta que Dios quiera.

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