Siguiendo el llamado de Dios en Zambia

Por Tania Montelongo
Alumna UDEM

Misiones Internacionales me marcó de por vida. Fue una experiencia enriquecedora que trascendió en mí más allá de lo que yo podía imaginar. Cada día en Zambia significaba nuevos aprendizajes y enseñanzas. Si bien yo creí ir preparada para lo que me esperaba, al llegar allá todo superó mis expectativas. Mi perspectiva de las cosas daba un giro radical con cada persona que conocía, con cada relato que oía, con cada imagen que presenciaba.

Fuimos 20 los misioneros que sentimos el llamado para ir más allá de nuestros límites. Decidimos dejar a un lado todo, para entregarnos al servicio de los demás, sin darnos cuenta que estaríamos adentrándonos a lo que sería el parteaguas de nuestras vidas. La diversidad de nuestro grupo hizo posible que la misión fuera más completa, cada uno tenía su propia historia, pero perseguíamos un mismo objetivo, ser herramienta de Dios.

IMG_7477Vivimos distintas etapas durante la misión con su propio giro. Por un lado Soopu, una tribu al oeste de Zambia, definitivamente robó nuestros corazones. Fuimos a evangelizar, pero en realidad los más evangelizados fuimos nosotros. La gente del lugar nos enseñó el verdadero significado de la felicidad. Los niños, las señoras, los jóvenes, todos tenían una sonrisa y un abrazo para darnos; ya fueran las 7:00 de la mañana o las 12:00 de la noche, sus caras siempre irradiaban alegría. De ellos aprendimos a encontrar la felicidad en los momentos más simples de la vida y no en las cosas materiales. Era imposible no sentir el amor de Dios en sus miradas, cuando presenciamos la fe y la pasión que tienen por vivir y por salir adelante, pese a la realidad que se veía a simple vista.

Por otro lado, en el campo de refugiados Mayukuayukwa, nuestro trabajo fue 100% social. Ahí, cada miembro del equipo estaba asignado a un proyecto dependiendo de su carrera profesional, por lo que la experiencia fue distinta para nosotros. En este lugar no faltaba trabajo, pero teníamos motores muy fuertes por quien seguir trabajando. IMG_7495Fue aquí donde escuchamos las historias más impactantes, y donde pudimos ver cara a cara los estragos que traen las guerras, así como la cadena de situaciones que desemboca. La impotencia fue un sentimiento constante durante nuestra estadía. Saber a ciencia cierta el gran cambio que se podría generar si las manos correctas utilizaran sus recursos para servir y no para destruir. Fue increíble ver de frente cómo el poder de varias naciones recaen en unas cuantas personas y que las vidas de miles penden del hilo de sus decisiones.

Durante dos semanas, nos dimos a la responsabilidad de exprimir cada momento para lograr ser un factor de cambio, porque por más mínimas que nuestras acciones parecieran, para otros podrían marcar la diferencia.

IMG_7740En general, durante toda la misión fue imposible no sentir esa felicidad en el servicio. La fuerza, y la sencillez de la gente, nos abrieron los ojos ante distintas realidades que nos motivaron y nos motivan a continuar trabajando por un mundo mejor.

“A las personas que Dios mucho da, mucho pide”, fue una frase que un amigo nos dijo estando allá. Y es verdad. Ya que a muchos de nosotros nos tocó vivir una vida muy sencilla, en donde las cosas nos fueron otorgadas prácticamente solas, por lo que ahora nosotros tenemos la responsabilidad de regresar un poco de todo eso que se nos brindó.

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