Experimentan consciencia de Laudato Si

Por Jose Antonio Palacios Tovar, MCP.

En el libro de Génesis (Gen 1,28-30) Dios le dijo al hombre que mandara sobre los peces en el mar, sobre las aves del cielo y sobre toda bestia en la tierra. Les regaló las plantas con semilla y los árboles con fruto, más en cuanto hierba le pidió que se la dejará a los animales. En ese sexto mítico día, Dios le entrego al hombre el dominio sobre su mundo, sobre su creación. Pero, ¿realmente entendimos nuestro papel en todo esto?

La palabra mandar, viene del latín mandare que es la unión de las palabras manus y dare, que en conjunto significan dar a otra mano algo a cuidar o que un tercero lo cuide, y tal vez si fuéramos más conscientes del significado de cada palabra, pudiéramos ejercer mejor nuestras responsabilidades y dones. Dios no nos dio la tierra ni a las bestias, nos las encargó, porque al final todo esto es de Él, su creación, y en ella, nosotros mismos. O al menos eso es lo que la encíclica del Papa nos trata de enseñar.

A través de sus páginas, el Papa hace un llamado al mundo entero, tanto al católico como fuente de fe, renovada y cristiana, como al protestante y no creyente con una lógica que el Padre Santo llamó humana, y la tituló Laudato Si (“Alabado seas, mi señor” en Italiano), dedicando su carta al entendimiento del cuidado de la casa común, nuestro hogar, nuestro planeta. ¿Y por qué ese nombre? Por Francisco de Asís, por su canto, ese en el que llamó hermano al sol y al viento, por ese canto en el que reconoce al agua y a la luna; por ese en el que llama madre a la tierra y le dice sustento; por ese en el que el bienaventurado es el hombre, el hombre que alaba y bendice al señor.

Dentro de la XV edición del Camino a la Sostenibilidad UDEM, en su conferencia “El déficit Socio-Ambiental a la luz de Laudato Sí, el Padre Luis Eduardo Villareal nos explicó en un resumen la encíclica, más nos la extiende en su actuar. Él la vive, la reproduce, la comparte, la entiende. Sabe que el mundo no es nada sin nosotros, pero nosotros no somos nada sin el mundo. Entiende que el cuidado del mundo implica el cuidado de todos nuestros hermanos, y en esto, basa su vida, en esto encuentra el sentido de la misma, en su misión que vocacionalmente Dios le dio.

El Padre Luis nos llama con su ejemplo a cuidar del prójimo desde el primer contacto hasta el prójimo futuro con el cuidado del planeta. Él se hace cargo de una Casa del Migrante, Casa Nicolás, en Guadalupe, N.L., y a través de sus cuidados, los dignifica y regresa al camino de la compasión. Sin embargo, como líder de su sector nos muestra cómo la organización individual y social pueden provocar cambios más allá de nuestros límites, más allá de nuestra imaginación.

Laudato Si, a través de su enseñanza, y su difusión, nos recuerda dos cosas: una, que nosotros, como iglesia tenemos responsabilidades sobre nuestro mundo y sobre nuestros hermanos y dos, que como seres pensantes la sostenibilidad no sólo es necesario, sino lógica, compasiva y amorosa. Es la decisión constante y consciente de dejar un mejor mundo cada noche en nuestro actuar de cada día, es cuidar de Dios y su obra, creyentes o no, para el propio beneficio a través del beneficio común.

 

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