Experiencia Nacional: Fundación Ciudad de la Alegría y Comunidad Maya

Por Efraín González, Estudiante del Programa Drivers of Change

 

Pertenezco al programa de Drivers of Change, el cuál entre muchas de sus características es ofrecernos experiencias y viajes a los drivers (los alumnos del programa). El semestre de Primavera 2017 daría por concluido nuestro primer año en el programa, por lo que se nos ofreció nuestra primera experiencia la cual constaba en asistir a un viaje de 10 días (19 al 29 de julio del 2017) en Quintana Roo donde visitaríamos la Fundación Ciudad de la Alegría y alguna comunidad maya.

Aunque no todos los 35 drivers fueron capaces de asistir, los 10 que tuvimos la fortuna de ir sabemos que no consistió de una experiencia de únicamente unos cuantos días de julio. El trabajo comenzó desde los días de clase en el semestre. Nuestras metas eran reunir el dinero suficiente para pagar el avión y las comidas, así como juntar alrededor de quince mil pesos para apoyar en alguna construcción en la comunidad maya. Fueron días de mucho trabajo, comenzamos con un proyecto de lavar carros en la universidad de forma ecológica llamado Green Wash, seguido por una rifa y una fiesta. Finalmente logramos recaudar el objetivo para la construcción y ayudarnos un poco con el costo individual del viaje.

 

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A nuestro viaje se unieron 3 miembros del programa Formar para Transformar, un frances que estaba de intercambio en la UDEM y un joven de Chihuahua. Por lo que junto con el director Erick Alanis y la coordinadora Itziar Olóriz, éramos 17 jóvenes que entusiasmados comenzamos esta aventura.

Primero llegamos a la Fundación Ciudad de la Alegría, donde tuvimos diversas experiencias. Siendo una fundación que alberga a diversas asociaciones nos encontramos con hogares para ancianos, para enfermos terminales, para donaciones de comida y ropa, un despacho de abogados, un consultorio e incluso una escuela para niños y jóvenes.

Esos 4 días en la fundación estuvieron llenos de aprendizajes y un gran espíritu de servicio. No era únicamente que asistimos a este viaje con miras a servir, pero la realidad con la que nos encontramos nos invitaban e animaban a ayudar. La primera actividad fue botear, depsués a dar de comer a ancianos y enfermos, otras cosas que realizamos fue ordenar medicinas, comida y ropa. Aunque pudo haber sido cansado, los rostros de mis compañeros y nuestras retroalimentaciones diarias expresaban claramente los aprendizajes que obtenían de las personas con las que convivían. No era cuestión únicamente de las personas que vivían en estos hogares, pero también de las personas que hacían de su trabajo el diario servicio y cuidado hacia sus residentes. El lograr darles alguna sonrisa a estas personas era un momento espectacular, especialmente cuando nos sentábamos a escucharlos y platicar con ellos, el ser escuchados los valoraban muchísimo. Algo que considero que aplica a todas las personas.

Otra experiencia que tuvimos fue asistir al penal de mujeres en Cancún. Al principio no fuimos recibidos con mucho entusiasmo, pero es increíble lo que un poco de música y mucho entusiasmo puede lograr. Tuvimos la bendicion de ver lo que pocos ver, y es el amor y la felicidad frente a cualquier circunstancia. Nos acompañaron en todo momento con tal alegría que incluso nos contagiaban a nosotros con ella. La mejor frase que me llevo de ahí fue: “Amo a mis compañeras y soy feliz”. Palabras que todas las noches se escuchaban en este penal.

Los 6 días en la comunidad maya llamada Tres Reyes recibimos varios conocimientos, amor, amistades y muchos momentos de alegría. Por las mañanas nos dirigíamos a las construcciones, la mitad del equipo se quedaba con la familia que amablemente nos recibía para comer y la otra mitad nos íbamos al rancho de 5 hermanos que en el futuro iba a ser un centro de ecoturismo. Aprendimos a limpiar un terreno, a usar barretas y mazos, a poner los cimientos y columnas. Los aprendizajes eran muchos, pero lo que más nos gustó fue convivir con estos 5 hermanos y sus familias. Nos enseñaron de primera mano el ver a una familia unida, el seguir luchando a pesar de la adversidad, el tener la fe en que el trabajo duro tiene su recompensa. Inclusive nos enseñaron muchas palabras mayas. Nos enseñaron una parte de nuestro pasado que nos pareció fascinante, despertó curiosidad que al menos yo no sabía que tenía.

Por las tardes convivíamos con los niños, jóvenes y adultos. Era una comunidad como ninguna otra que haya visitado. Todas las tardes se juntaban a jugar algún deporte, especialmente voleibol. Aprovechábamos esos momentos para convivir y platicar con la comunidad.

Esta experiencia me dejó maravillado. Convivir con las mujeres del penal, con los ancianos y enfermos, con los encargados de los hogares y con las personas de Tres Reyes me mostró la felicidad del dar. El servicio saca a relucir lo mejor de cada uno de nosotros, pues la alegría y el impacto que se genera en las personas opaca el vivir para uno mismo. Descubrí el amor con el que viven día a día algunas personas y que no existe algo tan reparador para el alma como el amar a los demás por medio del servicio.

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