Impulsa la misión a seguir sirviendo

Por Frida Aizaneth Sevilla Medina

Soy Frida Sevilla, estudiante de 6to semestre de Ingeniería en Gestión Empresarial. Hoy hablaré sobre mis primeras misiones, y cómo solo cinco días tuvieron tanto impacto en mi vida, ¡que ahora no puedo esperar a volverme a ir de misiones de Semana Santa! Me fui de misiones de Adviento 2017, a un ejido de Linares. ¡Una de las mejores semanas de mi vida! Desde un principio supe que Dios me tenía grandes sorpresas por vivir con mi frate y con el pueblo.

Día a día se nos iban presentando nuevos retos, nuevas experiencias. ¡Yo aprendí muchas cosas! Siempre, antes de emprender algo nuevo, me pregunto qué es lo que Dios me enseñará… Háblese de conocer una nueva persona, ir a un nuevo lugar, empezar un nuevo proyecto… Siempre me nace la curiosidad de saber qué es lo que Dios hará en mí en cada proceso. Como nunca me había ido de misiones antes, no tenía ni la mínima idea de qué era lo que me esperaba…

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Entre las cosas más “random” que aprendí de mi misión fueron hacer manualidades, bailar canciones de integración en medio de muchos niños y, sobre todo, a desarrollar la paciencia hacia los niños chiquitos. Estas tres cosas son de las que siempre evito, porque se me hacen difíciles, sin embargo, Dios me enseñó que siempre puedes desarrollar nuevas habilidades; que no debes negarte a hacer algo solo porque no lo sabes, ¡sino que nunca es mal momento de aprender algo nuevo! Que Dios valora nuestros esfuerzos y hace que todo salga bien al final.

Otra de las cosas que me gustó fue darme cuenta fue que “la misión dependía de mí”. Cualquier cosa que yo no hiciera por pena, por miedo, por flojera, a las personas, ellos no lo iban a notar, no iban a recibir de mí eso que yo les daría. Al principio yo era algo penosa; nunca antes había hecho un visiteo, por lo que no hablaba mucho en cada visita. Entonces recordé que ESTE era el momento para que yo hablara ya que, si tenía pena, mi misión pasaría en vano… Y entonces me topé con Don Francisco… Él es un hombre de la tercera edad que estaba en cama. Su esposa nos contó que estaba muy mal de las rodillas y ya no podía pararse fácilmente. Se me ocurrió, el día en que decidí dejar la pena de lado, decirle a la señora que si podíamos pasar a verlo; con gusto accedió. Le dije a Don Francisco que si podíamos rezarle y al instante dijo que sí… Eso fue en los primeros días de la misión. En la última noche pasamos a despedirnos de la pareja y Don Francisco me hizo llorar… Él solito nos dijo que desde aquella vez que le habíamos ido a rezar él se había sentido mucho mejor, que sintió el efecto de la oración. Me quedé impresionada. No podía creer lo que decía. Pienso que muchas veces, en mi caso, rezo y pido a Dios por personas, pero como por costumbre. Sé y confío en que Dios me escucha, pero no se me ocurre pensar en que mis peticiones se harán realidad. ¡Y así fue con Don Francisco! Se me hace hermoso saber que nuestras oraciones tienen un impacto enorme. Desde ese momento supe que nunca más tendría pena para hacer cualquier cosa que me naciera del corazón.

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Con estas misiones me di cuenta de lo afortunada que soy, que Dios me da mucho más de lo que necesito. Comprendí el significado de “busca primero el Reino de Dios, y todo lo demás se te dará por añadidura”. Así nos pasó a mi frate y a mí. A cada momento de la misión me iba dando cuenta de que Dios proveía todo, ante cualquier inconveniente que se nos atravesaba. Que la riqueza está en el corazón y no en lo material, y no me quedaba duda de esto ¡al ver que toda la comunidad nos ofrecía tanto! Se me hace intenso reconocer que a veces no queremos soltarnos de nuestras cosas materiales, cosas que no necesitamos… Y estas personas, de lo poco (muy poco) que tenían, ¡nos lo ofrecían todo! Gracias a Dios no nos faltó absolutamente nada. Verdaderamente viví un retiro en Cristo. Un retiro donde me encontré conmigo misma, y pude reconocer a Dios en todas las personas que conocí. Me di cuenta de que Dios me puso en el lugar correcto, con las personas correctas, en el momento correcto, para llenarme al 100% de amor mi corazón y poder transmitirlo con los más necesitados.

Es increíble darse cuenta de que a veces los que menos tienen, son en realidad los que más tienen… Mis primeras misiones marcaron mi vida. Hice lazos muy bonitos con mi frate, y con todo el pueblo… Tanto que no pude evitar llorar en la despedida ¡Ahora estoy tan entusiasmada por mis próximas misiones de Semana Santa! Ya quiero saber en qué Dios me volverá a moldear, tal como el barro en manos del alfarero, para hacerme cada vez mejor. Ahora sé que no tendré nada de miedo de intentar cosas que nunca he hecho antes, porque sé que Dios me apoya para sacar lo mejor de mí misma para servir a los demás. Ahora sé que cada oración es escuchada, siempre, por Dios, y que Él ayuda a quien lo busca. Dios nos tiene un plan perfecto para nuestras vidas. Cada paso que damos, por más mínimo que sea, nos está preparando para cosas realmente grandes.

Se viene la Semana más importante para nosotros, los cristianos, los días Santos en donde conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, y qué mejor vivir este tiempo con los más necesitados; transmitirles que Jesús nos amó tanto que por eso entregó su vida por nosotros; que nuestro Dios es un Dios vivo que se quedó con nosotros y que siempre se quedará. Hacerles llegar a estas personas un rayo de luz, de esperanza, a través de mi amor, servicio y entrega

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