Todos podemos ser amor

Todos podemos ser amor

El pasado domingo 25 de noviembre, los misioneros UDEM que iremos a la comunidad Caja Pinta en Linares, tuvimos nuestro retiro de fraternidad como preparación para la misión. En dicho retiro desarrollamos varias actividades para demostrar que todos estamos hechos de amor, pero solemos mostrarnos indiferentes a los problemas que tiene el mundo.

Una de las primeras actividades fue recoger basura en un terreno situado entre el campus de la universidad y Plaza Nativa, el cual ha sido muy contaminado en los últimos años por las personas que pasan por ahí caminando y por quienes tiran basura desde sus carros, es importante recordar nuestro compromiso con la sostenibilidad.

Terreno

Con esta actividad reflexionamos acerca de cómo poco a poco impactamos en el ambiente que nos rodea, al punto que la naturaleza resulta afectada y muchas personas ignoran este daño. Si bien, con los minutos que dedicamos a la limpieza, no logramos limpiar ni el 5% del terreno, nos quedó muy claro que una ayuda, por pequeña que parezca, puede tener un gran impacto en el futuro. Además, la indiferencia que mostramos gran parte del tiempo, no nos permite darnos cuenta que nosotros mismos generamos los males que nos afectan. Es muy interesante cómo estos temas los reflexionamos desde distintos espacios en la UDEM, por el compromiso con la sostenibilidad y cómo se puede trabajar desde distintos ámbitos de nuestra vida cotidiana.

Otra de las actividades que realizamos fue asistir al comedor de los pobres “Padre Roberto Infante”, atendido por la Basílica del Roble y a la Casa INDI , que brinda distintos apoyos a personas migrantes.

ComedorComedor 2

Estas visitas nos impactaron e hicieron reflexionar, ya que observamos en carne propia las carencias que tienen muchas personas. Pudimos notar que en la casa les apoyaban con estancia, ropa, alimentos, atención médica y cortes de cabello.  Por ejemplo, en la casa vimos a varias personas que estaban siendo atendidas por diversas dolencias, enfermedades o accidentes que habían sufrido, pero que ni siquiera tenían un plato para comer. Muchos otros estaban en las camas del lugar esperando recibir la comida que se les había preparado.

Del lado del comedor fue donde tuvimos más trabajo que hacer. Nos dimos a la tarea de, en conjunto con las cinco personas que son voluntarias en la casa, preparar los alimentos para las más de 200 personas que reciben a la hora de la comida; primero a mujeres y niños y luego a los hombres, quienes son la gran mayoría.

Reflexionamos sobre el gran trabajo que se realiza día con día en este lugar y sobre cuántas personas a nuestro alrededor se encuentran en la calle sin saber si el día de hoy van a comer algo. Tuvimos también la oportunidad de platicar con algunos migrantes que nos contaron su experiencia a lo largo de su viaje, los peligros que han enfrentado, la ruta que han seguido y los motivos que los impulsaron a salir de su país.

Nos encontramos con un grupo de cuatro jóvenes hondureños que comenzaron su viaje hace más de un mes, llegaron a la frontera de Laredo pero decidieron regresar debido a los peligros y amenazas que se encuentran en esa zona. Nos contaron que los grupos de narcotráfico extorsionan a quienes intentan cruzar la frontera les piden dinero y si no tienen nada para darles les puede costar la vida. Estos cuatro jóvenes llegaron a la Casa INDI no para quedarse, sino para ir a migración a que los deportaran de regreso a su país.

Casa INDICocina

En lo personal, la historia que más me conmovió fue la de Flor Jirón, una guatemalteca que decidió abandonar su país sola, viajando en tren y a través de las carreteras. Le preguntamos si le gustaba esta ciudad, a lo que respondió que sí, pero que no iba a quedarse, ya que el motivo de su viaje es reencontrarse con su hijo quien vive en la ciudad de Nueva York.

En conclusión, existen muchas personas en el mundo que nacen con necesidades básicas en sus familias y necesitan de otras personas, como nosotros, que puedan apoyarles en su lucha por vivir en mejores condiciones. Hay tantas maneras en que podemos apoyarles (donando comida, ropa, artículos de higiene personal, etcétera), pero algo que también necesitan y es igualmente importante, es un poco de tiempo para ser escuchados y así sentirse entendidos, acogidos y amados en un mundo que generalmente los trata mal, los ignora o los agrede por el simple hecho de buscar una mejor calidad de vida.

campuslifeudem

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