¡Feliz día maestras y maestros!

Por Charlie López
Coordinador de CampusLife UDEM

Yo descubrí mi pasión por la enseñanza durante mis estudios de profesional. Estudié Ingeniería Industrial y de Sistemas (nada que ver con docencia), pero recuerdo muy bien cada vez que me juntaba con amigos a estudiar para algún examen difícil. Era tan gratificante para mí poderles explicar las cosas que ellos no entendían de las materias que llevábamos. De hecho, enseñar me ayudaba a mí a estudiar, al grado que me volvía un master en los temas de clase.

Fue hasta años después, ya egresado de la carrera, que me aventuré a tomar mi primer trabajo como profesor. Mi puesto como ingeniero no me satisfacía del todo, así que decidí dejar mi empleo y buscar oportunidades de maestro de lo que fuera. Di clases de matemáticas, física, inglés, guitarra, hasta de química (aunque ni soy bueno en esa materia). Descubrí que a pesar de la gran diferencia salarial (ganaba más como ingeniero) mi felicidad se había maximizado como profesor. ¡Es tan emocionante estar frente a un grupo de personas, compartir conocimientos, escuchar sus ideas y ver a cada uno desarrollarse!

La primera vez que caminé por los pasillos de la Universidad de Monterrey fue el primer día de clases de enero 2016. Acababa de mudarme a Monterrey para seguir mi sueño de ser profesor, y encontré en la UDEM el lugar perfecto para lograrlo. Desde entonces he impartido cursos cocurriculares (META e Impacto Ambiental y Soluciones). Gracias a la UDEM he tenido la oportunidad de conocer a alumnos extraordinarios y a personas increíbles, tanto dentro como fuera del salón de clase. ¡El maestro no es nada sin sus alumnos!

Te preguntarás por qué te cuento todo esto. Quiero que recuerdes la primera vez que diste clase, la primera vez que te paraste frente a un grupo y dijiste “¡Hola! Mi nombre es _______________ y voy a ser su profesor(a) de…”. Quiero ayudarte a recordar por qué estamos aquí.

Estamos viviendo un momento sin precedente en la historia del mundo. La pandemia del COVID-19 nos tiene encerrados, y la vida ha cambiado muchísimo, incluyendo la manera de enseñar. Muchos de nosotros jamás habíamos dado una clase en línea, algunos nos sentimos súper raro de no poder ver a nuestros alumnos cara a cara, y otros batallamos con las cosas técnicas para enseñar de manera virtual, sin embargo, hemos logrado adaptarnos a lo que sea con tal de seguir haciendo lo que nos apasiona: ¡enseñar!

Pareciera que, en la era del internet, la figura del maestro ya no es tan necesaria. Existen millones de tutoriales en YouTube, cursos en línea y demasiados influencers. Entonces ¿vale la pena seguir siendo maestro en el siglo XXI? ¡Yo estoy convencido que sí!

Aun en esta pandemia, encerrados en casa, a través de una computadora, nuestra labor sigue siendo la misma: inspirar e influenciar a generaciones enteras a crecer como profesionistas y personas. Somos maestras y maestros de pasillo, de salón, en línea, en casa. Somos maestros no importa dónde nos encontremos.

¡Felicidades maestras
y maestros en su día!

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