Reflexión: ¿Estás disfrutando el proceso?

Por Hugo Naranjo y Beatriz Cornejo

En ocasiones terminamos algo que nos complace, un trabajo en equipo, una clase, un proyecto, la carrera quizá; pero nos cuesta pensar en todo lo que implicó eso. Y ¿por qué no, mejor, analizar y reflexionar todo aquello que nos sucedió, lo que aprendimos durante nuestro desarrollo, y los fracasos que tuvimos que afrontar? En otras palabras, disfrutar el proceso.

Lo verdaderamente importante en la vida son las experiencias, ya sean buenas o malas, pero eso ya depende de cómo las percibimos. Para eso, es necesario detenernos a reflexionar un poco en ello. Si todo lo que vivimos es una experiencia, entonces, piensa, ¿qué fue lo que hiciste bien? ¿Qué fue lo que hiciste mal? A partir de ello, podrás darte cuenta del proceso, y de todo aquello que tuviste que atravesar para llegar a donde hoy te encuentras. Reconocer lo positivo y negativo te ayudará a identificar en lo que puedes mejorar, ya que lo que nos sucede no es tan importante como la interpretación que tenemos de ello.

Parte fundamental de disfrutar el proceso está en tu foco de atención en lo que tiene importancia. En el caso de la escuela, podríamos mencionar el aprendizaje y las buenas relaciones interpersonales. Por ejemplo, muchas veces nos enfocamos más en el número, la calificación que obtenemos en una materia, y realmente no pensamos lo nuevo que aprendimos en el parcial, y qué parte de eso nos puede servir para nuestro futuro.

De igual manera con las relaciones; buscamos muchas veces ser “populares”, que nuestros compañeros nos aprueben y nos acepten, tener amigos para pasarla bien, pero no analizamos cuántas de esas relaciones que construimos nos ayudaron en el proceso, y cuántas de ellas seguirán con nosotros cuando la experiencia universitaria termine, ya sea como un buen amigo, o como un colega con quien podamos trabajar posteriormente.

Ahora bien, parte del proceso es aceptar las derrotas, ya que con el paso del tiempo éstas se convierten en auténticas victorias. La derrota es lo que te hace crecer como individuo si sabes apreciar y aprender las lecciones que te da. La misma vida es la gran maestra, recuérdalo.

Dependiendo de la perspectiva que tengas, podrás encontrar qué fue lo que pasó en el transcurso de la experiencia. Por eso, lo más importante es pensar en qué fue lo que hiciste bien a pesar de obtener, quizá, un resultado no favorable para ti. Siempre hay algo bueno que podemos sacar de nuestras experiencias. Por ejemplo, si obtuviste mala calificación en un trabajo, reflexiona en qué hiciste, y qué es lo que crees que pudiste haber hecho mejor; y aun así felicítate por el esfuerzo a pesar del resultado. Quizás es tiempo de tener fe.

Igual con los triunfos. Debemos pensar en qué fue lo que hicimos bien. Pregúntate, ¿qué te llevó a ese resultado? Así, sabrás qué es aquello que puedes replicar para futuras ocasiones. Sin embargo, no hay que olvidar el proceso. Date un momento para pensar si, a pesar de haber logrado el resultado que querías, disfrutaste el camino. Si es así, ¡qué bueno! Y si no, recuerda que siempre se puede cambiar la manera de vivir las cosas, porque la vida da segundas oportunidades.

Recuerda que en cualquier experiencia debes detenerte un poco, pensar si todo aquello que estás haciendo realmente te satisface, y si es así, qué es lo que aporta a tu vida. Porque al final, eso es lo que quedará, la satisfacción de que hiciste o aprendiste algo que tuvo un impacto en tu vida.

Debemos ser conscientes de que vivimos en una sociedad que va demasiado a prisa, y por ello, hay que parar un momento para reflexionar, y si es necesario, cambiar nuestra manera de vivir las cosas, porque el viaje es lo que aporta a la felicidad, no el destino.

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